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¿Cómo soltar el control como coach, terapeuta o guía de mujeres? Viaje a la selva y a la profundidad del ser.
Aún recuerdo con tal claridad la noche en la que todo cambió en mi vida. Era el año nuevo del 2012 para el 2013. Estaba visitando una ecoaldea en Madre de Dios, selva peruana junto a mi hermana Carolina.
Ambas psicólogas, ambas criadas bajo el paradigma donde la razón, la academia, el intelecto y el esfuerzo es lo que te conduce al logro.
Ambas muy estructuradas y claras sobre lo que queríamos para nuestra vida…y a la vez ambas muy locas y audaces para mandarnos solas a tomar Ayahuasca con un grupo de desconocidos en medio de la selva.
Unas horas antes de la ceremonia, estábamos con la ansiedad a mil, yo creo que al borde de una ataque de pánico. Caminando en círculos bajo la sombra de los árboles y el olor a tierra mojada decíamos cosas como….
Estamos locas, ¿por qué estamos haciendo ésto?
Siento que se me sale el corazón, ¡estoy sudando!
¿Y si nos pasa algo?
Ya no hay vuelta atrás hermana, ya pagamos.
¿Si me dan ganas de ir al baño y no llego?
¿Tienes suficiente papel higiénico?
Si me ves muy mal, me ayudas.
¿Por qué fue que decidimos hacer ésto?
Ya fue hermana, ya fue todo.
Mañana nos reiremos y tal vez no sea tan fuerte como nos imaginamos.

Horas después estaba sentada en el piso, completamente a oscuras, sintiendo los efectos de la mareación, aferrada a mi papel higiénico como si de ello dependiera mi vida.
Lo que yo pensaba que era intenso, era sólo el inicio y se venía un viaje sin precedentes en mi corta existencia de 25 años.
Mi cuerpo se movía solo, no podía controlarlo del todo y así fue como la abuela Ayahuasca me empezó a enseñar lo que hoy vengo a compartir contigo: Cómo soltar el control en tu vida y en tu servicio.
Sintiendo un peso fenomenal en mi cuello, la cabeza se me iba hacia adelante en dirección al piso, formando una postura contorsionista muy peculiar. Una y otra vez la levantaba para mantenerme erguida, pero me sentía una serpiente que serpenteaba con la cabeza hasta llevarla cerca a los pies. Una voz me decía:
Suelta el control, suelta el control.
Suelta la cabeza. Llevas siglos cargándola.
Mira con los pies, piensa con los pies.
El mundo está al revés.
Sé los pies de la tierra.

Esa misma imagen y sensación la he tenido varias veces durante las ceremonias que hice en adelante. Sí, lo volví a hacer. No una sino más de una decena de veces.
Algo cambió profundamente en mí aquella noche y empecé un despertar de conciencia que lo transformó todo. Dejé de preguntar y pude experimentar lo que es la vida, el espíritu, el cuerpo, el amor, el sexo, la sombra, la conciencia, el pulso vital.
Había llenado mi cabeza de teorías, conceptos y palabras; creyendo que así alcanzaría el conocimiento de la verdad.
Busqué en la psicología, la filosofía y la teología lo que en una noche me enseñarían en el cuerpo amplificando los sentidos y la percepción al mundo invisible.

Había aprendido a racionalizar muy bien mis emociones, a intelectualizarlas al punto de debatir extensivamente con profesores y colegas sobre hipótesis de la existencia, los vínculos y la terapia. Tenía todos los libros posibles y un hambre por saber.
Creía que me conocía porque no paraba de analizar lo que me pasaba. Iba a terapia, a la vez que yo daba terapia. Mi enfoque de salud era limitado pero yo no me había dado cuenta.
En este viaje aprendí muchas cosas que hoy encarno y comparto como camino de vida. Una de las más importantes es que necesitamos aprender a soltar el control si queremos vivir y servir de una manera auténtica, fluida y poderosa.
Ello es un proceso que aún después de 12 años continúo develando capas. Siempre hay un nuevo nivel en el que podemos soltar y entregarnos aún más.
A este punto te estarás preguntando, ¿cómo? , ¿cómo soltar el control y qué tiene que ver ésto con el servicio que ofrecemos a otros como coaches, terapeutas y guías?
Para lo que respondo con las siguientes pautas:
1. No puedes controlarlo todo, de hecho no puedes controlar nada. El control es una ilusión.
Lo más sabio que puedes hacer es entregarte al proceso, como quien suelta el peso y flota en la corriente en lugar de luchar contra ella.
La vida se encarga de que aprendas este principio quieras o no, y si te han pasado experiencias límite, lo sabes. De todas maneras una forma en la que te puedes entrenar para la vida es cultivando esta capacidad de soltar el control en espacios seguros como los que ofrecemos en Árbol de Mujeres.
En un círculo terapéutico se crea un espacio seguro para que puedas expresarte libremente con todo tu cuerpo y a través del arte, ritual y dinámicas profundas, sentir que te entregas y fluyes habilitando nuevos espacios en tu interior.
Esta habilidad te sirve muchísimo como terapeuta, coach, mentora, doctora y sanadora. No nos vamos a leer las manos entre gitanos. Entre nos, sabemos que tener el rol de ayudante, nos posiciona en un lugar de poder e inconscientemente tenemos la ilusión de tener todo bajo control.
Por ello buscamos métodos, herramientas y estructuras que alimenten esa necesidad. Si sabes a qué me refiero, estamos en la misma página y podemos continuar profundizando.

2. Cuando la vida te presente situaciones dolorosas, no intentes terminar con el dolor, escapar o hacer algo inmediatamente.
Es retador puesto que la reacción automática ante el estrés es lucha o huída. Por ello necesitamos cambiar la percepción sobre el dolor.
Nos enseñaron a temerle al dolor porque es algo malo, pero realmente es nuestro indicador, la señal de que hay algo en nuestro cuerpo y mente que está acomodándose y sanando.
Esto es algo maravilloso que aprendí de Garry Lineham de Human Garage, quien señala: “Tratamos de arreglar nuestro dolor inmediatamente, pero necesitamos escuchar al dolor. Cuando estamos enfermos, no estamos enfermos, es nuestro cuerpo que está sanando de la enfermedad de nuestra vida. Nuestras vidas están enfermas por el entorno de alto estrés y contaminantes”.
Por ese motivo cuando estás en un proceso de sanación, cuidando de ti, nutriéndote correctamente, moviendo tu cuerpo y energía, es usual que aparezca el dolor y se incremente.
Ya sea dolor físico o psicológico, atraviesa la experiencia sintiéndolo todo, dándole un lugar, abrazándote y amándote en el dolor.
Observarás que ese camino es el de la verdadera transmutación y alquimia, y podrás guiar a los demás ensanchando tu capacidad de sostener considerablemente.
Dejas de ser quien arregla problemas y pasas a ser quien acompaña procesos de transformación profunda.
3. Aprende el equilibrio entre dar forma y soltar.
Soltar el control no significa dejarte llevar y perder tu poder, es todo lo contrario.
Se trata de permanecer en tu centro sabiendo cuándo es momento de hacer lo que tienes que hacer y cuándo es momento de soltar y descansar.
Si detectas resistencias para parar y no hacer nada, el cuerpo te puede detener con síntomas, evita llegar a este punto y repite: “Suelta, ya hiciste todo lo que tenías que hacer, ahora te toca soltar y dejarte sorprender por la vida”.
Esto aplica perfecto para nuestro servicio a los demás, ya que detrás de toda sanadora (coach, terapeuta, mentora, doctora, maestra) está la herida de la salvadora. Ya sea que lo hayas trabajado internamente, es algo que siempre es bueno tener en cuenta como punto ciego.
Ayuda mucho preguntarte:
¿Estoy haciendo de más en esta relación de ayuda?
¿Me estoy posicionando como la madre de esta persona?
¿Me da ansiedad no poder arreglar el problema?
¿Estoy queriendo controlar esta experiencia?
Entonces respira, observa qué aparece en tu conciencia. Honra tu labor y repite: “Suelto, ya hice todo lo que tenías que hacer, ahora me toca soltar y dejarme sorprender por la vida”.
En el otro polo está el ser asertiva con tus intervenciones. Hay muchas terapeutas y mujeres medicina que caen en la pasividad y dejan de ayudar cuando no dicen lo que quieren decir o no hacen lo que saben tienen que hacer.
A esa capacidad le llamo “dar forma” y es tan importante como aprender a soltar.

4. Déjate ver aún en el dolor, la vulnerabilidad, la enfermedad, el miedo. Eres amada.
Una manera de protegernos muy habitual es la de ser la niña que no causa problemas y ahora, la adulta que siempre está bien.
Como sanadoras tendemos a presentarnos al mundo como fuertes, resilientes y listas para sostener a otros.
Si bien somos conscientes de que tenemos que abrirnos y expresar nuestra verdad, cuesta mucho confiar en los demás.
Si eres una persona altamente sensible, aprendiste diversas formas de protegerte y es posible que una de ellas sea no mostrar tu lado B, tu sombra, tu mierda.
En la sombra está el dolor, el miedo, la ira, lo que creemos que no es bello ni digno.
En el momento en que descubres que puedes dejarte ver completa por seres humanos que te respetan libre y aceptan, algo se sana en ti y puedes pasar al siguiente nivel.

5. Ahora no te toca sostener a nadie, suelta. Déjate cuidar, déjate amar.
Sólo cuando encuentras espacios seguros que se sienten tribu para ti, puedes relajarte y dejarte ver.
Sólo cuando te dejas ver completa, reconoces que necesitas ser sostenida tanto como sostienes.
Esto es sanación para la sanadora y es vital que nos dejemos cuidar para luego poder seguir nutriendo al mundo.
Date el permiso de expresar las emociones no dichas, de compartir el camino solitario de ayudar a otros.
Date el permiso de desarmarte, de no estar bien y de expresar la mierda que estás acostumbrada a contener. Realizar este proceso te va a conectar más con tu corazón y habilitar tu canal de ayuda.
6. Confía en la capacidad de los otros para hacer lo que tienen que hacer.
En este punto se conectan todos los anteriores, porque implica confiar en los demás y confiar en la vida.
Parece fácil de la boca para afuera, pero sabemos que implica restaurar los cimientos de seguridad y confianza básica.

Todo lo que hemos aprendido para sobrevivir generando mecanismos de defensa, partió de no confiar en los otros.
Entonces cuando en el presente te toca confiar plenamente en tus clientes más difíciles o en tu pareja, hijos o padres ante la adversidad, los cimientos tiemblan.
Mi recomendación para empezar a desactivar todos estos mecanismos y ganar confianza en la vida es buscar comunidad; un espacio seguro en donde sientas que perteneces (a eso le decimos tribu) y puedes expresarte libremente.
Si quieres amplificar tu impacto en el mundo, si deseas expandir tu servicio, si anhelas vivir cada vez con mayor libertad, prosperidad y gozo; es necesario que sueltes el control y empieces a confiar más.
Seguiré profundizando contigo en el siguiente artículo sobre cómo reinventarse como coach, terapeuta o acompañante de mujeres sin perder la profundidad en los procesos. Siéntete libre de escribirme a infoarboldemujeres@gmail.com, me encantará leerte.
Vanessa Diez Canseco
Psicoterapeuta, Terapeuta de Artes Expresivas, Consteladora Familiar, Lectora de Registros Akáshicos, CEO y formadora en Árbol de Mujeres.